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El Departamento de Justicia y Paz con la adhesión y el impulso de todos los Departamentos e Instituciones que integran la Vicaría de Solidaridad desea expresar con firmeza y claridad las siguientes consideraciones en torno a un tema siempre en debate en nuestra sociedad como lo es el tema de la inseguridad y su vinculación con los jóvenes y niños.
En nuestro País la sensación de inseguridad producto del consumo acrítico de la oferta de los medios de comunicación, genera la idea de que no se puede salir a la calle sin ser víctimas de algún delito y por ello la suma de espectadores desprevenidos concluye perezosamente en que la solución a estos problemas pasa por la aplicación urgente de un remedio específico, algunas veces ese remedio es el aumento de las penas, otras la aplicación de la pena de muerte y actualmente la baja en la edad de imputabilidad y esto debido a que en recientes hechos delictivos se encuentran involucrados jóvenes adolescentes.
Que la asociación adolescencia y delito surja del parecer poco meditado, o de la experiencia concreta padecida por algunos ciudadanos es algo esperable que no conlleva mayor análisis, pero que dicha asociación sea constante en algunos responsables políticos del País, que como parte de la solución al problema de la inseguridad fomentan el planteo de la baja de la edad de imputabilidad, es en primer lugar o ingenua por desconocer las estadísticas y tasas de delincuencia en el País y la incidencia que en ella tienen los menores de 18 años o coyuntural y mezquina y busca por ende algo distinto a solucionar el problema de inseguridad.
Al abordar seriamente este problema surgen dos caminos sustanciales, la prevención del delito y la represión del delito. Cuando se habla de penas, agravamiento e imputabilidad se está hablando de reprimir el delito, es decir ¿Qué hacemos cuando el delito se cometió? Esto implica un posicionamiento frente al problema y es pensar cómo vamos a actuar frente a los nuevos menores que cometan delitos, y este interrogante es confrontado por otra propuesta y otra perspectiva que se pregunta ¿Cómo vamos a lograr que la participación de los menores en los delitos disminuya?Es frecuente tomar el aspecto represivo confundiéndolo como política preventiva, y es allí donde se escucha si se aplicara la pena de muerte esto no pasaría más, si estos chicos fuesen condenados esto no ocurriría. Claramente, la experiencia mundial en políticas de seguridad indica que las políticas públicas que aseguren más y mejores niveles de educación, de trabajo, de salud, y en definitiva todas aquellas variables que aumentan los índices de desarrollo humano, tienen como resultado la baja significativa de los índices de delincuencia y este es un aspecto verdaderamente significativo del problema del delito.
Entendemos en algunos casos la buena fe de los ciudadanos por aplicar esa hipótesis que se presentan como solución, pero a la hora de la verdadera aplicación, los problemas estructurales no se resuelven tan sencillamente, por el contrario sí resulta sencillo demostrar que esa hipótesis es falsa. Si la baja en la edad de imputabilidad sirviera para impedir o reducir los delitos, no habría discusión real, ya que la franja que va de los 16 hasta los 18 años es en la que se concentra la mayoría de los delitos cometidos por menores y dentro de ese marco hoy día se les puede imputar la comisión de delitos graves sin ningún inconveniente, y sin embargo la queja es por los delitos cometidos en esa franja de edad ya que no está demás aclarar que de los menores implicados en los recientes hechos de delincuencia que desencadenaron el debate, ninguno de ellos por su edad es inimputable.
A lo anterior vale la pena remarcar que son sustancialmente menos significativos en la estadística los delitos cometidos por los menores que la incidencia de los cometidos por los mayores de 18 y ello para no perder la perspectiva del problema de la inseguridad real.
Sin perjuicio de una profunda discusión sobre la implementación de un esquema de responsabilidad penal juvenil y sus diversos aspectos, discusión que debe estar alejada de los manejos electorales y debe surgir del diálogo y debate de varios actores sociales, nos preguntamos que perspectiva puede haber en la represión juvenil, si hoy la represión del delito a los mayores es una verdadera aberración. Desde el hecho que por ejemplo en la Provincia de Buenos Aires el 80% de la población carcelaria tiene prisión preventiva, las fechas para la elevación a un juicio oral cuando toda la investigación está realizada debe aguardar un mínimo de 3 años y las lesiones y las muertes de los detenidos ocurren asiduamente en las cárceles de la Nación como si existiese una pena de muerte encubierta aplicada por la omisión de las autoridades, estos hechos constituyen una de las principales y más graves violaciones a los derechos humanos que ocurren en el País.
Racionalmente es indispensable solucionar estos verdaderos problemas en la represión del delito antes que especular en incorporar a este infierno a los pocos menores hoy inimputables.
Evangélicamente las palabras de Jesús “Dejen que los niños vengan a mí” nos interpela y nos cuestiona sobre ¿Cómo es posible nuestro abandono? como sociedad abandonamos a nuestros niños, los dejamos solos con la desnutrición, con el paco, con el alcohol, sin una palabra de guía o consejo que permita la verdadera cercanía, los dejamos a merced de la desesperanza al no poder estudiar, los dejamos en la exclusión al no incorporar al trabajo a nuestros jóvenes, cuando en esa soledad en contados casos el delito se hace su mejor compañía entonces nos golpeamos el pecho y decidimos intervenir.
No impidamos que nuestros jóvenes y niños se acerquen Jesús, si algo puede pensarse respecto a nuestros jóvenes y niños, en particular en la provincia es cómo sacamos de una grave situación de vulnerabilidad a más de un millón de jóvenes y niños y cómo hacemos para que 400.000 jóvenes que hoy no pueden ni estudiar, ni trabajar, puedan hacerlo. Luego podremos profundizar y especular sobre distintas ideas académicas para casos puntuales pero primero debemos defender la vida y la posibilidad que sea desarrollada en plenitud por nuestros jóvenes y por nuestros niños.
DEPARTAMENTO JUSTICIA Y PAZ
VICARIA DE SOLIDARIDAD
OBISPADO DE QUILMES
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