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07-03-2012

Nuevo Nuncio Apostólico en Argentina

Desde marzo la Argentina tiene un nuevo Nuncio Apostólico. Se trata de Monseñor Emil Paul Tscherrig, arzobispo suizo, de 65 años, que se convierte en el duodécimo representante diplomático del Vaticano en nuestro país. Argentina: su primer destino latinoamericano. 

 

Monseñor Tscherrig, el nuevo embajador de la Santa Sede en Argentina, ya estuvo en nuestro país en el año 1987, cuando acompañó al Papa Beato Juan Pablo II a la Argentina en abril de ese año.


En su primera homilía en la Catedral Metropolitana expresó:
“Quisiera que mi primer acto en esta bendita tierra argentina sea una palabra de agradecimiento.  Doy gracias ante todo al Señor por haberme concedido servir a la Iglesia católica en este gran País.  Durante largos años de servicio diplomático soñé frecuentemente poder trabajar y vivir un día en un País latinoamericano.  Ahora, este sueño mío se ha transformado en plegaria realizada.”
“Usando las palabras de San Pablo a los Cristianos de Corinto, quisiera decirles que vengo entre ustedes con “mucho temor y temblor” (cf. 1Cor 2, 3).  Ante mí se abre un maravilloso campo de acción, que no conozco todavía.  No es solamente la preocupación de que cada nuevo comienzo es difícil, sino también la ansiedad de saber si estaré a la altura de mi misión y si lograré ofrecer a ustedes el servicio que les corresponde.  Pero al mismo tiempo me siento feliz y lleno de expectativas porque me ha sido concedido el gran don de encontrarme con ustedes, queridos hermanos y hermanas, y brindarles algunos años de mi vida.”
“Me alegro, desde ya, por las oportunidades que me serán ofrecidas para conocerlos mejor.  Por lo tanto deseo visitar sus ciudades y campos y los lugares donde viven, admirar junto a ustedes sus espléndidos paisajes, que me quedaron grabados en la memoria desde el año mil novecientos ochenta y siete, cuando tuve el privilegio de acompañar al Beato Juan Pablo segundo, en ocasión de su visita apostólica a la Argentina.  Quisiera participar en su trabajo pastoral, y compartir las preocupaciones, esperanzas y alegrías de su Iglesia en camino a través de estas primeras décadas del tercer milenio.”
“Por lo tanto, quisiera que sepan, hermanos, que no me siento un extranjero entre ustedes. Dondequiera que he estado, me he sentido siempre en casa, porque como católicos somos ciudadanos del mundo y formamos una única familia.  Somos miembros de una Iglesia universal, donde no cuenta más la nacionalidad, el idioma, el color de la piel o el estatus social, sino donde todos somos hermanos y hermanas en Cristo que nos ha hecho hijos de Dios.  Por lo tanto, la patria que elegí para mi vida no es más la Suiza donde nací, sino la Iglesia católica en la cual soy peregrino entre peregrinos en camino hacia la verdadera patria del cielo y de la vida eterna.  Junto con ustedes creo en una nueva tierra y en nuevos cielos y en la transformación de nuestro mundo material en un mundo espiritual como la última etapa de nuestra existencia en la historia del mundo.
Y es a causa de esta Fe que me encuentro aquí.”

El martes 6 participó de la 161º de la Comisión Permanente y compartió con sus hermanos obispos estas expresiones:

“En este primer encuentro con ustedes, queridos hermanos en el Episcopado, me permití destacar la importancia de la educación católica para dar un nuevo impulso a la evangelización.  Solamente con agentes pastorales que son discípulos de Cristo y, al mismo tiempo están a la altura de los desafíos contemporáneos, y también con un laicado bien informado sobre la belleza del mensaje cristiano, podremos encarar con éxito las dificultades del momento.  Tenemos necesidad de formadores que sean no sólo maestros de la fe, sino también testigos.  Como destacó el Pontífice, recordando las palabras del Papa Pablo sexto al inicio del reciente Año Sacerdotal: “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escucha a los que enseñan, es porque dan testimonio” (Evangelii Nuntiandi, 41).
Si tal esfuerzo es acompañado por la plegaria incesante de toda la Iglesia, estoy seguro que crecerá, en el interior de la Iglesia, este nuevo impulso evangelizador, del cual la Iglesia tiene permanente necesidad.”

Para conocerlo un poco más:
Emil Paul Tscherrig nació en Unterems, Suiza, el 3 de febrero de 1947 y fue ordenado sacerdote el 11 de abril de 1974, luego de cursar sus estudios de Teología en Friburgo y de Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Entró en el Servicio Diplomático de la Santa Sede el 1º de abril de 1978. Prestó servicios sucesivamente en las representaciones pontificias de Uganda, Corea, Bangladesh, y en la Secretaría de Estado de la Santa Sede durante 11 años.
El 4 de mayo de 1996, Juan Pablo II lo nombró nuncio apostólico en Burundi. Recibió la ordenación episcopal el 27 de junio de 1996.
Fue nuncio apostólico en Trinidad y Tobago, Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Dominica, Jamaica, Grenada, Guyana, Surinam, San Cristóbal y Nevis, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, y delegado apostólico en las Antillas.
También en Corea, Mongolia y desde el 26 de enero de 2008 se desempeñaba en la representación diplomática vaticana de Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca e Islandia.
Nació en una familia católica. Es el primero de ocho hermanos (seis varones y dos mujeres). Tiene 17 sobrinos nietos y en su último destino como nuncio en Suecia, escaló la cumbre más alta de ese país y participó de la Vía del Rey, una caminata de 130 kilómetros en seis días, desde el Norte hasta Estocolmo.

Actividades de un nuncio apostólico
Un nuncio apostólico o nuncio papal es un representante diplomático de la Santa Sede, no del Estado de la Ciudad del Vaticano, con rango de embajador. Representa a la Santa Sede ante los Estados (y ante algunas organizaciones internacionales ) y ante la Iglesia local. Suele tener el rango eclesiástico de arzobispo. Normalmente reside en la nunciatura apostólica, que goza de los mismos privilegios e inmunidades que una embajada.
La función principal del Legado pontificio consiste en procurar que sean cada vez más firmes y eficaces los vínculos de unidad que existen entre la Sede Apostólica y las Iglesias particulares.
Por lo tanto le corresponde al Delegado del Papa Benedicto XVI:
1 - informar a la Sede Apostólica acerca de las condiciones en que se encuentran las Iglesias particulares y de todo aquello que afecte a la misma vida de la Iglesia y al bien de las almas;
2 - prestar ayuda y consejo a los Obispos, sin menoscabo del ejercicio de la potestad legítima de éstos;
3 - mantener frecuentes relaciones con la Conferencia Episcopal, prestándole todo tipo de colaboración;
4 - en lo que atañe al nombramiento de Obispos, transmitir o proponer a la Sede Apostólica los nombres de los candidatos así como instruir el proceso informativo de los que han de ser promovidos, según las normas dadas por la Sede Apostólica;
5 - esforzarse para que se promuevan iniciativas en favor de la paz, del progreso y de la cooperación entre los pueblos;
6 - colaborar con los Obispos a fin de que se fomenten las oportunas relaciones entre la Iglesia católica y otras Iglesias o comunidades eclesiales, e incluso religiones no cristianas;
7 - defender juntamente con los Obispos ante las autoridades estatales, todo lo que pertenece a la misión de la Iglesia y de la Sede Apostólica;
8 - ejercer además las facultades y cumplir los otros mandatos que le confíe la Sede Apostólica.