Mons. Juan D. Ulloa y Mons. Oscar V. Ojea dialogan con los periodistas en el Encuentro de Jóvenes

27/05/2018

Monseñor Ulloa: “La transformación de la Iglesia es para los jóvenes”

El arzobispo de Panamá y Presidente de la Conferencia Episcopal de Panamá, monseñor Juan Domingo Ulloa, junto con el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Oscar Ojea, mantuvieron un diálogo con periodistas durante el II Encuentro Nacional de Juventud. El panameño manifestó que se preparan para la Jornada Mundial de Juventud 2019 “como familia”.

Tras el mensaje del Papa Francisco, el arzobispo de Panamá, monseñor Juan Domingo Ulloa, junto con el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Oscar Ojea,  dialogaron con periodistas. En referencia al vídeo mensaje, monseñor Ojea destacó el pedido de “sólo mirar desde arriba a alguien para ayudarlo a levantarse”. Además monseñor Ulloa comentó, entre risas, que siempre se siente “retado” por el papa Francisco. “La transformación de la Iglesia es para los jóvenes: ahí hay que detenernos. Este mensaje del Papa hace referencia a todas las realidades de la juventud del mundo y sobre todo de Latinoamérica. Es un reto porque nos pide compromiso. Él nos desafía a creer en la juventud pero con los pies en la tierra. Para que esto sea sólido hay que mirar la historia”, enfatizó el arzobispo panameño.

Por otro lado, monseñor Ojea, invitó a los jóvenes a llevarse la experiencia de la alegría del encuentro, “del amor, de la esperanza. Una alegría fundada en el amor de Dios y en reconocernos hermanos aunque vengamos de distintos lados. El Evangelio toma una fuerza nueva cuando nos reconocemos parte de la patria. A mí me emociona como el Papa habla de la patria. La patria es madre. Tiene que ver con los antepasados pero sobre todo con la capacidad de transformar”.

Además, agregó: “Cada vez que el joven nos habla percibimos honestidad ya que siempre interpela. Delante de él no hay posturas, hay que ser claro, conciso y verdadero. Uno rinde examen de verdad constantemente frente a ellos. Los obispos nos vamos con el deseo de escucharlos mejor. El futuro es de ellos y nosotros tenemos el deber de incorporarlo y abrir las puertas de las iglesias para escucharlos”.

A su vez, monseñor Ulloa, sostuvo: “Los jóvenes nos piden que, como pastores, estemos cada vez más cercanos. Hay que reconocer la misma realidad y fragilidad. Así caminamos hacia ese sueño, a ese ideal que la presencia de Jesús y la Iglesia nos invita.  En este último tiempo los jóvenes se convirtieron en grandes discípulos. Frente a ellos tenemos que reconocernos en estado de conversión y de cambio”.

Finalmente, hizo referencia  a la Jornada Mundial de Juventud 2019 que preparan y compartió, “nos estamos preparando como Iglesia. Queremos que sea un encuentro de Iglesia como familia. El Señor quiere que pongamos nuestro carisma al servicio de los demás. También buscamos dejar un mensaje sobre la  responsabilidad del cuidado de la casa común”, concluyó.

Mensaje del Santo Padre a los Jóvenes - II Encuentro Nacional de Jóvenes (Rosario, 25-27 de mayo)

26/05/2018

Queridos chicos y chicas:

Me alegra hacerme presente a través de este video mensaje, en este Encuentro Nacional de juventud, que están viviendo en Rosario.

Me lo pidieron mis hermanos Obispos y lo hago con gusto. Sé que se prepararon con mucho esfuerzo y de muchas maneras para poder estar ahí, gracias por todo ese trabajo, por ponerse en camino con alegría, con fe y esperanza, con ilusiones compartidas; cuando uno va a un encuentro de jóvenes, siempre hay fe, esperanza, ilusiones que se van compartiendo allí y van creciendo. ¡Gracias por el entusiasmo que contagia!, donde hay jóvenes hay lio, por el amor hacia Cristo y los hermanos que en estos días seguramente va a ir en aumento, pero que no sea espuma, que no sea sólo espuma, que sea jabón que hace espuma, pero que sea jabón.

Cuando pensaba en ustedes y en que podía compartirles para este Encuentro, se me ocurrieron tres palabras: presencia, comunión y misión.

La primera palabra es presencia: Jesús está con nosotros, está presente en nuestra historia, si no nos convencemos de esto no somos cristianos, camina con nosotros, aunque no lo conozcamos, pensemos en los discípulos de Emaús.

Jesús se ha hecho nuestro hermano, nos invita también a nosotros a encarnarnos, a construir juntos esa palabra tan linda: “la civilización del amor”, como discípulos y misioneros suyos, acá y ahora, en tu casa, con tus amigos, en las situaciones que te tocan vivir a diario; para eso es necesario estar con Él, ir a su encuentro en la oración, en la Palabra, en los sacramentos, dedicarle tiempo, hacer silencio para oír su Voz. ¿Vos sabés hacer silencio en tu corazón para escuchar la voz de Jesús? No es fácil, probá.

Él está con vos, aunque tal vez en algunos momentos, te sientas como los de Emaús antes de encontrarse con Jesús Resucitado, te sientas triste, decepcionado, bajoneado, bajoneada, sin muchas esperanzas de que las cosas cambien, y bueno, se ven cada cosa en la vida, que a veces, claro, nos bajoneamos. Vas herido por el camino y parece que ya no podés más, que las contradicciones son más fuertes que todo lo positivo, de toda la polenta que vos le quieras poner, que no ves la luz al final del túnel, pero cuando te encontrás con Jesús, es una gracia, el buen samaritano que se acerca a ayudarte, ese es Jesús: todo se renueva, vos te renovás y podés con Jesús, renovar la historia.

Eh, Padre, ¡no exagere! ¿cómo vamos a renovar la historia? ¡Podés renovar la historia! ¡La renovó una chica de 16 años que en Nazaret dijo SI! ¡Podés renovar la historia!

El buen samaritano es Cristo que se acerca al pobre, al que lo necesita; el buen samaritano también sos vos cuando, como Cristo, te acercás al que está a tu lado y en él sabés descubrir el rostro de Cristo.  Es un camino de amor y misericordia. Jesús nos encuentra, nos sana, nos envía a sanar a otros. Nos envía a sanar a otros.

Solamente nos es lícito mirar a una persona de arriba a abajo, desde arriba, solamente para agacharnos y ayudarla a levantarse, sino, no tenemos derecho de mirar a nadie desde arriba, nada con la naricita así, eh (hace el gesto, tocándose la nariz, eleva la cabeza); si yo miro desde arriba es para agachar y ayudar a levantar.

Pero para recorrer este camino de ayudar a levantar a otros, no lo olvidemos, necesitamos de los encuentros personales con Jesús, momentos de oración, de Adoración y sobre todo de escuchar la Palabra de Dios. Te pregunto nomás, ¿cuántos de ustedes leen dos minutos el Evangelio en el día? Dos minutos, eh. Tenés un evangelio chiquito, lo llevás en el bolsillo, en la cartera, mientras vas en el bus, mientras vas en el subte, en el tren, o te parás y te sentás en tu casa, lo abrís y leés dos minutos, ¡probá! Y vas a ver cómo te cambia la vida, ¿por qué?, ¡porque te encontrás con Jesús! ¡Te encontrás con la Palabra!

La segunda palabra es comunión: no vamos solos escribiendo la historia, algunos se la creyeron, piensan que solos o con sus planes van a construir la historia; ¡Somos un pueblo! Y la historia la construyen los pueblos, ¡no los ideólogos! ¡Los pueblos son los protagonistas de la historia! ¡Somos una comunidad, somos una Iglesia! Y si vos querés construir, como cristiano, tenés que hacerlo en el Pueblo de Dios, en la Iglesia, como Pueblo, no en un grupito “pitucón” o estilizado apartado de la vida del pueblo de Dios. El Pueblo de Dios es la Iglesia, con toda la gente de buena voluntad, con sus chicos, sus grandes, sus enfermos, sus sanos, sus pecadores, que somos todos, con Jesús, la Virgen, los santos que nos acompañan.  Caminar en pueblo, construir una historia de pueblo.

Jesús cuenta con vos, y también cuenta con él, con ella, con todos nosotros, con cada uno.  Sabemos que como Iglesia estamos en un tiempo muy especial, en el año del Sínodo de los obispos, que va a tratar el tema de los jóvenes. Ustedes, los jóvenes serán el objeto de las reflexiones de este Sínodo, y, además, recibiremos de ustedes los aportes, ya sea de la Asamblea pre sinodal que se realizó en Roma con 350 (trescientos cincuenta) chicos y chicas de todo el mundo, cristianos, no cristianos y no creyentes, del cual también participaron 15000 (quince mil) a través de las redes sociales que se iban comunicando con ellos.  Ellos han hecho una propuesta, una semana estudiaron, peleando, discutiendo, riéndose, y ese aporte nos llega al Sínodo, y ¡ahí estás vos! Con ese aporte vamos adelante.

Los invito a ser partícipes, protagonistas desde el corazón, de este acontecimiento especial, tan importante, no se queden al margen, comprométanse, digan lo que piensan, no sean exquisitos, “que me miró, que me tocó, que, si la piensa distinto, que no estoy de acuerdo con el mensaje”, vos, ¿cómo vivís?, ¡compartí lo que vivís! El Papa quiere escucharlos, el Papa quiere dialogar y buscar juntos nuevos caminos de encuentro, que renueven nuestra fe y revitalicen nuestra misión evangelizadora.  Ustedes saben mejor que yo que las computadoras, los celulares, necesitan actualizaciones para funcionar mejor, también nuestra pastoral necesita actualizarse, renovarse, revisar la conexión con Cristo, a la luz del Evangelio; ese que desde ahora vas a llevar en el bolsillo y vas a leer dos minutos por día. Mirando al mundo de hoy, discerniendo y dando nuevas energías a la misión compartida, ese es el trabajo que van a tener ustedes en estos días, sobre todo, y que yo acompaño con mi cercanía y mi oración, y mi simpatía.

Decíamos entonces, presencia y comunión, la tercera palabra es misión. Se nos llama a ser Iglesia en salida, en misión. Una Iglesia misionera, no encerrada en nuestra comodidades y esquemas, sino que salga al encuentro del otro; Iglesia samaritana, misericordiosa, en actitud de diálogo, de escucha.  Jesús nos convoca, nos envía y nos acompaña para acercarnos a todos los hombres y mujeres de hoy, así lo escucharemos el próximo domingo en el Evangelio: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y Yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo”.

Vayan, no tengan miedo. Los jóvenes tienen la fuerza de la inquietud, del inconformismo, sean inconformistas, hagan lio, no dejen que la historia se escriba afuera mientras miran por la ventana, no balconeen la vida, pónganse las zapatillas, salgan con la camiseta de Cristo y juéguense por sus ideales.  Vayan con Él a curar las heridas de tantos hermanos nuestros que están tirados al borde del camino. Vayan con Él a sembrar esperanza en nuestros pueblos y ciudades. Vayan con Él a renovar la historia.

Muchas veces han oído decir que ustedes son el futuro, en este caso el futuro de la Patria, el futuro está en las manos de ustedes, es verdad, porque nosotros nos quedamos, y ustedes siguen; pero cuidado, un futuro sólido, un futuro fecundo, un futuro que tenga raíces, algunos sueñan con un futuro utópico…”no, la historia ya pasó, no, lo de antes…no, ahora empieza…”, ahora no empieza nada, ¡te la vendieron! Bernárdez, nuestro poeta, termina un verso diciendo: “lo que el árbol tiene de florido viene de lo que tiene de soterrado”, volvé a las raíces, y armá tu futuro desde las raíces, de donde te viene la savia, no renegués de la historia de tu Patria, no renegués la historia de tu familia, no niegues a tus abuelos, buscá las raíces, busca la historia, y desde allí, construí el futuro.  Y aquellos que te dicen: “Si, los héroes nacionales ya pasaron, no tiene sentido, que ahora empieza todo de nuevo” ¡reíteles en la cara! Son payasos de la historia.

Y los invito también a mirar en estos días a María, la Virgen del Rosario, que supo estar cerca de su Hijo, acompañándolo en sus misterios de gozo y de dolor, de luz y de Gloria, que ella, María, Madre de la cercanía y de la ternura, Señora del corazón abierto y siempre disponible para ir al encuentro de quienes la necesitan, sea su Maestra en el modelo de la vida de fe; ustedes busquen allí, que Ella les enseñe.

Que Jesús los bendiga, que la Virgen Santa los cuide a ustedes, a su familia, a sus comunidades; y por favor, no se olviden de rezar por mí, para que sepa transmitir las raíces a las nuevas generaciones, que las hagan florecer en el futuro, y ¡eso son ustedes! ¡Gracias!

VIDEO COMPLETO

Homilía de Mons. Eduardo Martín en la Misa de Apertura del ENJ - Rosario, 25 de mayo de 2018

26/05/2018


1.- ¡Queridos jóvenes: Bienvenidos a Rosario!  A este Rosario que siempre está cerca.  Y ¡Feliz día de la Patria! 
Como Obispo de esta Arquidiócesis Saludo a todos con afecto de corazón, a ustedes que han venido desde todos los rincones de la Patria, especialmente a los de más lejos. ¡Gracias por venir! Estamos felices por su presencia entre nosotros, pues nos llena de alegría y nos hace mucho bien, como Iglesia y como Ciudad.
Ustedes han decidido venir por un acto de libertad. Han hecho esta opción con sacrificio, pues han recorrido muchas distancias, han tenido que trabajar para conseguir los medios para venir, pero nada los ha detenido; tengan la certeza de que el Señor los bendice abundantemente porque Él no se deja ganar en generosidad.
2.- El encuentro con Cristo marca un antes y un después en el camino de la vida. El encuentro con Cristo nos hace plenamente humanos. Un antiguo Romano decía: “encontré a Cristo y me descubrí hombre”. Sí, el cristianismo es el verdadero humanismo.
El hermoso pasaje del Evangelio de San Juan que acabamos de proclamar, nos habla de la primera vez que  dos jóvenes  siguen a Jesús y se encuentran con Él. No fue un encuentro más: fue el encuentro de sus vidas.
¿Qué tenían en el corazón?: deseo y curiosidad, hambre y sed. Lo comienzan a seguir a instancias de Juan el Bautista que al ver pasar a Jesús, y estando con ellos les dice: “Este es el Cordero de Dios”. Estos dos muchachos, eso es lo que eran, un par de jóvenes como cualquiera de ustedes, al oír esto comienzan a seguir a Jesús. Jesús se da cuenta que le están siguiendo, se da vuelta y les pregunta: ¿qué buscan? Jesús sabe que en el corazón de todo ser humano, pero especialmente en el de los jóvenes hay un deseo, una búsqueda, un anhelo, un sueño. Estos dos muchachos se fueron detrás de Jesús en busca de una respuesta a sus deseos, a sus preguntas, a su hambre y a su sed. Hoy Jesús te pregunta: ¿qué buscás? ¿Qué deseás?, ¿qué anhelás?  Quizás, Saturado de ruidos, o adormecido por las compensaciones que se te ofrecen, has dejado de preguntarte el por qué último de la vida; Te has dejado de plantear la búsqueda de una razón para vivir y morir.  Estamos acá, juntos para despertar y volver a hacernos las preguntas más importantes de la vida. Preguntas que hoy muchas veces son censuradas; Te dicen: trabajá, estudiá, hacé todo, pero sin preguntarte el por qué último de lo que hacés; te dicen que para ser feliz tenés que consumir, y te reducen a ser un consumidor de cualquier cosa, como si ésa fuera la categoría más importante que te define, cuando en realidad sos mucho más que un consumidor.
Entonces estos dos muchachos “fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día”.
Se quedaron con él aquel día, y no lo abandonaron jamás. ¡Cómo habrá impactado en el Evangelista Juan ese encuentro! que escribiendo su Evangelio siendo ya muy viejo, recordaba aún la hora del día en que sucedió.( Como nos pasa a nosotros cuando tenemos un acontecimiento decisivo en nuestra vida nos acordamos de los más pequeños detalles).
Pero lo que más llama la atención es que el Evangelista no narra nada de lo que Jesús les dijo o de lo que ellos le preguntaron. Pero lo que sí les ha quedado como convicción inamovible es lo que Andrés, uno de los dos, al otro día, al encontrar a su hermano Simón Pedro, lo primero que le dice, (como cuando uno tiene algo grande y urgente que comunicar): “¡hemos encontrado al Mesías!, que traducido significa Cristo”. 
¿Cómo podemos traducir hoy, 2000 años después de aquel acontecimiento, la expresión: ¡Hemos encontrado al Mesías!? Podríamos traducir diciendo: hemos encontrado la verdad hecha carne, la justicia hecha carne, hemos encontrado la misericordia hecha carne, hemos encontrado la belleza hecha carne, la paz hecha carne, en una palabra, hemos encontrado la felicidad hecha carne. Esta fue la experiencia de Juan y Andrés, una experiencia humana, un acontecimiento que tenía la forma de un encuentro humano, de haber encontrado a Alguien que co-rrespondía con las exigencias más hondas de su ser. Por eso no lo dejaron más. Habían encontrado lo que su corazón buscaba y anhelaba desde lo más profundo. Encontraron a Alguien que por primera vez tomaba en serio la totalidad de su vida y  se convertía en el más verdadero amigo que se pudiera encontrar jamás.
Estos dos jóvenes y los que poco a poco se fueron agregando al número de los discípulos hicieron con Jesús un camino de conocimiento y amor que les fue confirmando cada vez más la intuición original, y forjando en ellos una convicción inconmovible que desembocará en la confesión de fe, a través de las palabras de Pedro cuando Jesús les pregunta  ¿quién dicen que soy?, y él responde: “¡Tu eres el Cristo el Hijos de Dios vivo!”.
Si Jesús es esto para cada uno de nosotros, el Mesías, el Hijo de Dios vivo, el que nos da Vida eterna, entonces podemos decir con total verdad que sólo “con Vos renovamos la historia”.
¿Qué historia? La historia de nuestras vidas y la de nuestro pueblo.
3.-  Cristo renueva mi historia, mi vida con todas sus  luces y sombras, alegrías y dolores. Si nos dejamos encontrar por Él, nos damos cuenta que nuestra vida es sanada, liberada, que nuestro mal es perdonado y emerge todo lo bueno y verdadero;  el presente se llena de sentido y al futuro lo miramos con esperanza. Si él está, nuestra vida se  hace nueva.  Si él está me hace capaz de una justicia y un bien, de una solidaridad que solo, jamás podría alcanzar y realizar.
4.- Jesús renueva  nuestra historia personal y nos dispone a una relación nueva con Dios, donde no pretendo imponerle mi proyecto, mi gusto, el gusto impuesto por la mentalidad dominante o dictado por los grandes medios de comunicación, sino que como el joven Samuel ante el llamado de Dios respondo: “Habla Señor que tu siervo escucha”  ¿Qué quieres Señor de mí? O como la gran Santa Teresa de Ávila que en versos dice:
“Vuestra soy, para vos nací, 
¿Qué mandáis hacer de mí?
Queridos chicos y chicas tengan la valentía de hacerse esta pregunta. Ningún joven cristiano puede pasar su juventud sin plantearse con seriedad esta pregunta, sin conversarla con el Señor. 
¡Él tiene un designio de amor sobre cada uno de ustedes!.
Desde Jesús ábranse a lo que Dios quiera decirles, y así encontrarán aquello para lo que están hechos, ser santos. Ya sea en el matrimonio, en la virginidad por el Reino de los cielos, en el sacerdocio, o como laicos consagrados en medio del mundo. Responderle que sí es garantía de plenitud y de experimentar en esta tierra el ciento por uno y luego la vida eterna, aún en medio de los sufrimientos y persecuciones.
5.- ¡Con Vos renovamos la historia de nuestra Patria!
Nuestro pueblo ha sido marcado con el signo de la cruz,  de la Virgen María y de los santos. La primera evangelización encontró en estas tierras un suelo fértil donde fecundó el Evangelio y se generó un pueblo, Pueblo de bautizados, Pueblo que es propiedad de Dios: el Pueblo de Dios.
Durante generaciones esta fe, y la cultura que de ella nació, se fueron  comunicando fluidamente. Pero hoy nos encontramos ante un nuevo fenómeno: esta preciosa tradición comienza a erosionarse. Cf. AP37-39) ¿Cómo se manifiesta esta erosión?
.-En la crisis de los vínculos, hoy con la característica de ser líquidos, sin consistencia: vínculos familiares, vínculos sociales, laborales, de la sociedad en general, marcada por un individualismo que aísla, empobrece y hace que seamos dominados por el poder.
.-En la caída de valores fundamentales como es el respeto de toda vida humana, especialmente puesta en duda en estos días en nuestra patria. Nunca nos olvidemos chicos que un día estuvimos en el vientre de nuestra madre.
.- Y también en las injusticas que se cometen y que generan pobreza, exclusión y descarte de los más frágiles y pobres.
Por todo ello “los cristianos necesitamos recomenzar desde Cristo, … Y necesitamos a la vez que nos consuma el celo misionero para llevarlo  al corazón de la cultura, a quien es el sentido unitario y completo de la vida humana que ni la ciencia, ni la política, ni la economía ni los medios de comunicación podrán darle” (AP 41).
Queridos jóvenes, nuestra identidad nace de nuestra pertenencia a Cristo y la Iglesia, y es desde ese lugar que los invitamos a meterse, a comprometerse  en la construcción de una Patria  más fraterna y más justa,  llevando a Cristo para que la Patria, la sociedad, la cultura encuentren su centro. Pues el criterio último de discernimiento de toda realidad humana, de todo sistema económico, tecnológico  o político es siempre Jesucristo y su Evangelio. Y así nuestro pueblo, nuestra Patria,  con Cristo y con nosotros cobre nueva vida desde lo más profundo.  
Queridos jóvenes: ¡no se dejen robar a Jesús, más bien dejen que Jesús les robe el corazón! y como la Virgen María en las bodas de Caná: hagan todo lo que Él les diga. Sí, hagamos todo lo que él nos diga, y así con Él y con vos renovemos nuestra historia y la de nuestra Patria. Amén
 

Más de 18.000 jóvenes peregrinaron con un sí a la vida en el día de la Patria

25/05/2018

Con la Peregrinación por la Patria, se dio comienzo a las actividades oficiales del II Encuentro Nacional de Juventud. Las calles de la ciudad de Rosario se llenaron de color: jóvenes de todo el país caminaron juntos y anunciaron: “Todos nosotros, junto a la Virgen, le decimos sí a la vida”.

El II Encuentro Nacional de Juventud, que reúne jóvenes de todo el país desde hoy y hasta el domingo en la ciudad de Rosario, abrió la jornada con paso firme. Habiendo transcurrido un día de charlas y talleres con los temas que más los interpelan social y espiritualmente, los jóvenes se congregaron en el Monumento Nacional a la Bandera. Este lugar es signo y símbolo de lo que significa “ser Patria”, en un día tan especial para la Nación.

Se dio inicio al camino con un emotivo momento donde los presentes entonaron las estrofas del Himno Nacional Argentino. Seguido de un fuerte pedido a sus representantes políticos: “Todos los jóvenes junto a la Virgen decimos sí a la vida”. Los vecinos rosarinos se mostraron muy emocionados al ver las multitudes recorriendo la ciudad, y alentaron el camino asomados a los balcones de la avenida Pellegrini. Se apreció el brillo en los rostros de los chicos y las chicas mientas, a pie, con saltos y cantos, se desplazaron por la ciudad

Agitando banderas argentinas, junto con las propias de sus parroquias y movimientos, la juventud se desplazó por las calles. Como fruto de los talleres realizados en las sedes por la mañana, los chicos también portaron pancartas que reflejaron lo trabajado: “Los jóvenes son de quien los ilumina y ama”, se leyó en uno.

Los animadores a cargo hicieron un llamado a “cuidar toda vida” sobre todo la vida del “joven vulnerable”. Resaltaron: “No se dejen robar la esperanza, seamos portadores de ella y agradezcamos las oportunidades que tenemos”.  María, una joven proveniente del barrio porteño de Flores, testimonió: “Esto es un hito en la historia de nuestra patria que da testimonio de la Iglesia joven en la Argentina”.

Ante el interrogante de cómo se renueva la historia los jóvenes respondieron: “Debemos reunirnos y mostrar nuestro protagonismo,” declaró Victoria, de la diócesis de Río Cuarto, “Hoy en día los jóvenes somos re catalogados –continuó- y queremos hacer notar nuestra voz. Venimos a demostrar que la juventud no está perdida.”

La peregrinación simboliza la mayor manifestación de fe y compromiso con la patria de los jóvenes argentinos en el II Encuentro Nacional de Juventud.

Más información sobre los objetivos, programa, historia y otros en esta página y siguiendo las redes del II Encuentro Nacional de Juventud en YouTubeFacebook Instagram.

 

Mensaje del Cardenal Mario A. Poli en el Te Deum - 25 de Mayo 

25/05/2018

«Invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia»1

En un nuevo aniversario de la Patria, nos congregamos para dar gracias a Dios e invocamos su protección en esta hora de la Nación Argentina. Lo haremos con la ceremonia del Te Deum.

En varios pasajes de los Evangelios, existen muchos encuentros de Jesús con hombres y mujeres de su tiempo como el que acabamos de proclamar: ocurrió cuando el Señor y sus discípulos se dirigían a Jerusalén, donde debía cumplirse todo lo que anunciaron los profetas acerca de Él (cfr. Lc 18,31b). En el camino, entran a la milenaria ciudad de Jericó, y como la fama de Jesús corría delante de Él, no tardó en verse rodeado por una multitud: querían conocerlo y escuchar su palabra, pues «todos estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad» (Lc 4,32). Los gritos y aclamaciones de la gente no impidieron que el Señor reparase en una persona subida a un árbol, y a él se dirigió: «Zaqueo baja pronto porque hoy tengo que alojarme en tu casa» (Lc 19,5).

El personaje aparece por única vez en los Evangelios y San Lucas lo presenta como un hombre muy rico y jefe de los publicanos, lo cual significaba un alto cargo entre los recaudadores de impuestos al servicio de los romanos, que en ese tiempo habían invadido Judea, convirtiéndola en una provincia del Imperio. Cuando Jesús se invita a la casa de Zaqueo, la gente murmura con razón, porque era un oficio despreciable, pues el dinero que recaudaban de sus conciudadanos iba a parar a las arcas romanas, no sin retener una buena parte de los impuestos, de modo que se enriquecían notablemente. Sin sentimientos religiosos, los publicanos eran indiferentes al patriotismo de sus conciudadanos que luchaban por obtener la libertad de su pueblo humillado; estas y otras actitudes les valieron el desprecio popular y eran considerados grandes pecadores. Pero todo eso no detuvo al Señor, quien superando los prejuicios humanos, fue en busca del hombre. Jesús entra en la casa del publicano porque allí hay algo que salvar. Es decir, no porque ahí se practiquen las buenas obras y haya que recompensarlas, sino porque «también este hombre es un hijo de Abraham» (Lc 19, 8) y por lo tanto no está excluido de la fidelidad y del amor de Dios.

Lo que llama la atención en el texto es que apenas entra el Señor, el dueño de casa manifiesta una singular sensibilidad por los pobres con quienes compartía la mitad de sus bienes. No había aislado su conciencia y tenía claro que su oficio generaba excesos y era causa de injusticias, y eso lo llevaba a reparar los perjuicios cometidos dando cuatro veces más a los damnificados. Zaqueo sabía que tenía muy mala fama entre la gente a pesar de ser una persona honesta. El encuentro personal con Jesús hizo que su deseo profundo de «ver quién era» se cumpliera muy por encima de sus expectativas.

Pero ¿qué nos dice este encuentro hoy? Aquel cobrador de impuestos parecía tenerlo todo, pero al recibir la inesperada visita de Jesús le dio un nuevo horizonte a sus días. El evangelista San Lucas nos da una advertencia con este ejemplo: la indiferencia y el egoísmo de los ricos frente a la miseria de los pobres no pasan inadvertidos a los ojos del Dios que sí «se acuerda de los pobres y no olvida su clamor» (Salmo 9,13). El caso de Zaqueo nos muestra que siempre hay un camino de redención si abrimos la mano para compartir lo que la vida nos ha dado, cuánto más sin con ello reparamos las injusticias cometidas. Hay muchas personas que desean subirse al árbol de su vida para ver quién es el Dios de la vida que pasa y siempre se deja encontrar.

Dios está nombrado en el Preámbulo de la Constitución Nacional, pero nos olvidamos que además existe y está siempre dispuesto a escucharnos cuando lo invocamos y a protegernos cuando lo necesitamos. Pero pareciera que lo dejamos al margen de nuestras decisiones, confiamos solo en nuestra capacidad, en las estrategias, en las ecuaciones sin que dominemos todas las variables, y aun nos afirmamos en nuestra corta experiencia, sin tener en cuenta la memoria histórica del país que también tiene algo que enseñarnos en las horas de prueba. La sabiduría bíblica nos recuerda: «Fíjense en las generaciones pasadas y vean: ¿Quién confió en el Señor y quedó defraudado? ¿Quién perseveró en su temor y fue abandonado? ¿Quién lo invocó y no fue tenido en cuenta?» (Eclesiástico 2,10). Si hoy celebramos un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, es porque en la trama de nuestra historia, nuestros próceres y el mismo pueblo nos demostraron que Dios Padre acompañó el camino, tanto en los momentos de gloria como el que conmemoramos, pero también en los tiempos de crisis y desencuentros entre los argentinos.

Un sabio estudioso del pasado de la humanidad aseguraba que en la historia no dominan las fuerzas económicas, sino las espirituales2. Y yo humildemente adhiero a ese pensamiento. De no ser así nos costará mucho explicar cómo, durante más de doscientos años, nuestro pueblo atravesó con paciencia y virtud laboriosa los momentos oscuros: viviendo, conviviendo y no pocas veces sobreviviendo a sostenidos períodos de confusión, a la carencia de medios básicos y al flagelo de la desocupación, dando lugar a los inhumanos y humillantes rostros de la indigencia, paradójicamente, en una tierra rica en recursos naturales. Este pueblo que todo lo toleró sin perder la esperanza de un mañana mejor, confiando en una justicia distributiva largamente anhelada. Su lección nos alienta a pensar que nuestra Nación siempre tiene destino.

Nuestra historia nos enseña que hay un Dios de la Vida que nos acompaña en el camino y no abandona, y por eso siempre habrá futuro para la Argentina si confiamos en Él y también si  levantamos la barrera de la desconfianza entre nosotros, para que toda iniciativa en «promover el bienestar general» de los ciudadanos, la emprendamos, al decir de san Ignacio de Loyola, «como si todo dependiera de ti, sabiendo que en realidad todo depende de Dios». Ahora bien, los cambios sociales y culturales se dan en procesos que demandan tiempo que nos trascienden; se extienden más allá de los períodos de un gobierno y hasta superan a generaciones. Debemos desconfiar de los logros instantáneos y recetas prometeicas; si algo hemos aprendido de nuestro derrotero, debemos acostumbrarnos a decir: si comenzamos hoy, dentro de 10, 15 o 20 años se verán los frutos. El tiempo no lo podemos someter, pero sí está en nuestras manos perseverar unidos en los objetivos por el bien común. Mientras dura ese proceso, el primer deber del Estado es cuidar la vida de sus habitantes, especialmente de los débiles, los pequeños, los pobres y marginados, los enfermos y los ancianos abandonados, porque son los más pobres de los pobres. Cuidar la vida de punta a punta de la existencia es querer ser Nación.

El Dios que confesamos en la Constitución es el Creador y remunerador de toda obra buena que hacemos al semejante. Eso nos recuerda que en la Argentina bicentenaria, no sobra nadie, todos son necesarios e importantes, por lo que ninguna persona debe ser excluida de la fiesta de la vida, hasta el más humilde y olvidado de la Patria profunda. El magisterio del Papa Francisco nos anima a que «la defensa del inocente que no ha nacido, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada, porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el amor a cada persona más allá de su desarrollo. Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria, el abandono, la postergación, la trata de personas, la eutanasia encubierta en los enfermos y ancianos privados de atención, las nuevas formas de esclavitud, y en toda forma de descarte» 3 . Honrando los gestos de grandeza de los padres de la Patria, quienes pensando en nosotros, nos legaron el honor de ser argentinos, decimos que: Vale Toda Vida, y ante el bello e inefable don de la concepción, si la propuesta es optar por una u otra, en esta bendita tierra austral, apostamos decididamente a que vivan las dos. Para Dios no hay excluidos.

Padre nuestro, Padre de todos: te damos gracias porque en los 208 años de nuestro camino como Nación libre y soberana no nos soltaste de la mano. No sabemos si lo merecemos, pero igual, hoy, conociendo tu misericordia y clemencia, te decimos: «Señor de la historia, te necesitamos…».

+ Mario Aurelio Cardenal Poli

 

1 Preámbulo de la Constitución argentina
2 Arnold J. Toynbee, Estudio de la historia, Ed. Altaya, 3 vol., Barcelona, 1995.
3 Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate, 101

Veinte años del fallecimiento del Cardenal Eduardo Francisco Pironio 

24/05/2018

En ocasión del Año de Memoria Agradecida por la vida y ministerio del Siervo de Dios Cardenal Eduardo Francisco Pironio a 20 años de su fallecimiento, queremos invitar a Ud. a participar del acto con el que recordaremos su servicio y entrega generosa a la Iglesia y orar juntos por la causa de su beatificación.

Disertarán:

Mons. Oscar Ojea - Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina
Profesora Beatriz Buzzetti Thomson - Vicepostuladora de la Causa durante la fase diocesana
Mons. Fray Carlos Azpiroz Costa OP - Pte. de la Comisión Episcopal de Vida Consagrada

 

Miércoles 30 de Mayo, 19 hs.

Salón Dorado de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires: Perú 160, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Confirmar asistencia haciendo click AQUÍ

 

                  

www.pironio.accioncatolica.org.ar

Jornada de ayuno y oración

23/05/2018

La Iglesia en Argentina comenzó, desde el domingo de la Ascensión del Señor hasta el domingo de la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, un tiempo especial de oración pidiendo al Señor que conceda luz y sabiduría a nuestros corazones para ser ciudadanos que cuidemos la vida desde su concepción hasta el final de la misma. 

En los próximos días se darán en el Congreso de la Nación instancias legislativas en las que se debatirá el proyecto para la legalización del aborto.  Por eso queremos profundizar nuestro compromiso de rezar unidos invitando a una JORNADA DE AYUNO Y ORACIÓN para el jueves  7 de junio. Pedimos que el Señor ilumine la mente y el corazón de los que tienen que legislar acerca del valor y el significado de la vida humana.

La Iglesia nos enseña que el ayuno es una oportunidad para dominar nuestro orgullo, reconocer y agradecer los dones que vienen de Dios e imitar su generosidad compartiendo nuestros bienes con los necesitados. 

En esta JORNADA DE AYUNO Y ORACIÓN queremos valorar y cuidar el don de la vida, estando más disponibles y abiertos con aquellos cuya dignidad se ve vulnerada.
¡Qué el Señor de la Vida nos sostenga en nuestro caminar!

Mons. Oscar V. Ojea recibió a dirigentes gremiales

22/05/2018

En la sede de la Conferencia  Episcopal Argentina, durante la mañana de hoy,  respondiendo al pedido de algunos dirigentes gremiales, su Presidente, el Obispo de San Isidro, Mons. Oscar V. Ojea  fue visitado por Pablo Moyano, Hugo Yaski, Gustavo Vera y Pablo Micheli.  

El Obispo se mostró abierto al diálogo, y escuchó la preocupación expresada por los dirigentes sobre las tarifas y sobre los riesgos de un posible acuerdo del Gobierno con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Después de invitarlos a la Semana Social que organiza la Comisión Episcopal de Pastoral Social, para los días 22-24 de junio, les recordó que justamente esa comisión es la que acompaña el diálogo con los trabajadores.

También conversaron sobre el último documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe, "Consideraciones para un discernimiento ético sobre algunos aspectos del actual sistema económico-financiero", y se comprometieron a seguir reflexionando y profundizando sobre dicho documento.

 

Invitación especial de Justicia y Paz: Foro por la Paz  

21/05/2018

Nos alegra convocarlo para esta nueva edición de la jornada mundial de “Un minuto por la paz” a realizarse el próximo viernes 8 de junio de 13 a 15 horas, en la sede de la Conferencia Episcopal Argentina sita en Suipacha 1032, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

En esta ocasión lo invitamos al Foro por la Paz en el contexto de un “Un minuto por la Paz”. Dicho Foro se realizará para dar continuidad a la iniciativa del Poliedro x la Paz distinción que comenzó a llevarse a cabo en 2017 y se repetirá cada dos años. 

Generaremos un intercambio entre finalistas, instituciones comprometidas con el trabajo, reconocidas personalidades y la promoción de la Paz en sus múltiples dimensiones, buscando movilizar y motivar a toda la comunidad para que sean cada vez más los actores que se comprometan en todo el mundo.
 
Esperamos contar con su valiosa presencia.

Saludos cordiales.

 

 

Comisión Nacional de Justicia y Paz
Conferencia Episcopal Argentina

III Tercera Mesa de Diálogo de la Pastoral Carcelaria

21/05/2018

El lunes 14 de Mayo, en la sede de la Conferencia Episcopal Argentina, se realizó la 3° Mesa de Diálogo cuyo núcleo de trabajo son la seguridad, la justicia y la inclusión social.

Como en otras oportunidades, esta tercera mesa fue organizada por la Comisión Episcopal de Pastoral Carcelaria y el Secretariado Nacional de Pastoral Carcelaria.

El panel estuvo integrado por Mons. Juan Carlos Ares y el P. Rubén Infantino, Presidente y Secretario Ejecutivo respectivamente de dicha Comisión Episcopal, la jueza federal Dra. Jimena Monsalve, el Presidente de la Cámara de Casación Dr. Alejandro Slokar y la Jueza de Casación, Dra Ángela Ledesma. Moderó el panel, la Sra. Patricia Alonso, coordinadora del equipo nacional. Acompañaron al mismo la Dra Virginia Barreto, directora UEJN, y la Prof. Elena Ferrise, integrante del Secretariado de Pastoral Carcelaria.

Como es habitual, estuvieron presentes  distintos representantes de la sociedad civil que están involucrados en el acompañamiento de las personas en situación de cárcel.

Durante la jornada se analizó y evaluó el camino recorrido desde el inicio de la actividad en el año 2016/17

LosS miembros del núcleo presentan una gran preocupación por el incremento constante del encarcelamiento de personas socialmente excluídas, en su mayoría para cumplir penas cortas. El encarcelamiento bajo esta condición solo causa hacinamiento.

Como en las anteriores mesas se firmó un acta de compromiso, donde nos comprometemos a formar comisiones con tres grandes ejes: Educación, Trabajo y Salud Mental y Adicciones.

 

Contenido del último año:

 

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